Acabo de terminar las 'tareas domésticas'. Las persianas que dan a la calle ya lucen limpias. En el verano pasa más gente por delante de mi casa y no quiero que digan que los que viven aquí son unos guarros. No sólo por eso sino porque la mierda que tenían incrustadas ya formaban dunas. Toda la mañana para cinco persianas. Mi labor ya cumplida.
He descubierto que esto de ser ama de casa es harto cansado. Junto al cansancio físico se une el psicológico de ser ama de casa. No te despegas de ello durante todo el día y a veces te sientes como un conservador de animales en vía de extinción. Siempre preocupado porque lo que has limpiado se mantenga impoluto más tiempo y porque nadie pueda perpetrar algún atentado contra tu limpieza querida.
Es mi nueva realidad. La de ser hombre y ama de casa. Es lo que tiene formar parte de la lista de los que han dejado de poseer unas horas a las que llamar trabajo.