jueves, 2 de junio de 2011

Trabajar en lo social

Llevo cinco meses trabajando en Las Rehoyas. Le llaman un trabajo en lo social. Por las mañanas me encargo de la gestión del proyecto. Miro correos, solicito subvenciones y/o las justifico. Realizo labores de gestión. A mediodía llegan las compañeras. Las educadoras de calle. Juntos realizamos proyectos, configuramos actividades, buscamos objetivos.
Entra y sale gente con diferentes características, problemáticas, deseos,... y cuentan historias. Y me doy cuenta de la realidad que viven. Transmiten vivencias que, en muchas ocasiones, son tan diferentes a las mías que la perplejidad es el menor de los sentimientos que me causan.
En ocasiones las escucho como 'detrás de la barrera' y en otras existe un sentimiento de tristeza que se une a la impotencia y al '¿y que puedo yo hacer?'.
Me vuelvo a casa y los dejo con sus problemas y me llevo mi conciencia al descanso de la bondad de mi hogar. Creo que no hago todo lo que debería. Parece que sólo es un trabajo.
Puedo justificar esta actitud. Nadie me lo reprocha. Y hay hasta personas que me agradecen lo poquito que doy. Y creen que estoy haciendo algo grande. Pero yo sé que se puede hacer más. Pero hay mucha inercia en el ambiente y yo me contagio.
Sé que no soy salvador. Pero me planteo que puedo hacer más. Y también me planteo que es un trabajo