lunes, 9 de noviembre de 2009

Cuando uno no tiene con que hacer

Todo el tiempo libre que puedo tener se reduce, en muchas ocasiones, a no hacer nada porque no tengo con que hacerlo. Las limitaciones que produce no contar con el dinero necesario para hacerlo, hace que ese tiempo libre se reduzca a pensar en las posibilidades que pudiera tener si tuviera el dinero para hacerlo. Este galimatía entre hacer y no poderlo hacer, aparte de hacer perder mi tiempo, produce una sensación de imposibilidad que hace que me autolimite. He crecido con la mentalidad de que para construir una posibilidad hace falta dinero porque de lo contrario el resultado final de la posibilidad se ve mermado por la falta de lo material de la misma.
No doy el salto a las realizaciones no materiales, a la búsqueda de la imaginación para conseguir objetivos, a la innovación intelectual, al encuentro con los pocos medios que tengo para construir realidades perfectas que me satisfagan y crear concreciones perfectas. Pasarse el día lamentándose de la precariedad de medios, es una solución que maldice al otro por no contribuir a lo propio y a uno mismo por ser pacato en la valentía y encontrar los medios en donde existen y que no están donde yo.
Perdonen estos absurdos intelectuales. El encuentro con la lástima y con los miedos. A veces prefiero quedarme con lo poco que soy que avalanzarme a lo precario de lo que puedo ser.