sábado, 30 de marzo de 2013

Después de unos años

Cuando volvemos, a veces, la mirada a nuestro pasado, vemos intenciones que teníamos. Intenciones como no permitir que un trabajo dejara de ser sólo un momento del día en el que se intercambiaba tiempo y tareas por dinero y que este trabajo no nos afectara personalmente, no dejando que la vida de los que estaban alrededor pasara a formar parte de la nuestra.
Cuando ponemos, a veces, la mirada en nuestro presente, nos damos cuenta que aquellas intenciones ya no existen. Las decisiones han hecho de ellas sólo pasado. Porque aquello que no queríamos se ha transformado en realidad y esta realidad es mejor que la que uno deseaba. Aunque sea más fatigosa la situación actual y el empeño que hay que poner sea mayor, la satisfacción, el crecimiento personal y las nuevas relaciones, perfilan un nuevo carácter, una nuevas herramientas y unos sentimientos que, sí alguna vez florecieron, pero que hacía tiempo que no ofrecían su aroma de bondad.
Cuando deseamos, aveces, que la vida sea como nosotros la deseamos, a veces, la vida nos desea de manera distinta y a veces, sólo a veces, es mejor su decisión que la nuestra. 

jueves, 2 de junio de 2011

Trabajar en lo social

Llevo cinco meses trabajando en Las Rehoyas. Le llaman un trabajo en lo social. Por las mañanas me encargo de la gestión del proyecto. Miro correos, solicito subvenciones y/o las justifico. Realizo labores de gestión. A mediodía llegan las compañeras. Las educadoras de calle. Juntos realizamos proyectos, configuramos actividades, buscamos objetivos.
Entra y sale gente con diferentes características, problemáticas, deseos,... y cuentan historias. Y me doy cuenta de la realidad que viven. Transmiten vivencias que, en muchas ocasiones, son tan diferentes a las mías que la perplejidad es el menor de los sentimientos que me causan.
En ocasiones las escucho como 'detrás de la barrera' y en otras existe un sentimiento de tristeza que se une a la impotencia y al '¿y que puedo yo hacer?'.
Me vuelvo a casa y los dejo con sus problemas y me llevo mi conciencia al descanso de la bondad de mi hogar. Creo que no hago todo lo que debería. Parece que sólo es un trabajo.
Puedo justificar esta actitud. Nadie me lo reprocha. Y hay hasta personas que me agradecen lo poquito que doy. Y creen que estoy haciendo algo grande. Pero yo sé que se puede hacer más. Pero hay mucha inercia en el ambiente y yo me contagio.
Sé que no soy salvador. Pero me planteo que puedo hacer más. Y también me planteo que es un trabajo

domingo, 24 de octubre de 2010

Mi acontecimiento

Hace ya más de una semana del día de mi cumpleaños. Cada vez son más las cifras que lo adornan. Pero ya no hago tristeza de la cantidad. Quizá sí, un poco, de la calidad. No de mis años, que los vivo cada vez con mayor fruición, sino porque uno se encuentra ciertos desiertos sentimentales en los cuales, todavía, tiene esperanza de que florezca algo.
Todos los años, el día de mi aniversario organizo, junto con una amiga, una fiestilla que reúne a algunos amigos y en la cual, aparte del, para mí, denostado momento de la entrega de presentes, nos lo pasamos bien porque tenemos un momento de divertimento. Este año no organicé nada. A mi amiga no le apetecía emprender una actividad en la que tenía que invitar a gente con la cual no se sentía del todo cómoda. Yo tampoco tenía ganas de emprender la labor de comunicarme con gente con las cuales el espacio se va alargando con la proporción del tiempo de ausencia.
Estuve en casa. Muchos me llamaron y me felicitaron por el acontecimiento. Hasta algunos se atrevieron a solicitar la posibilidad de vernos otro día para hacerme llegar unos presentes. Al día de hoy otros han propuesto que me pase por sus casas a recogerlos. Sin embargo nadie consideró que, aunque no le hubiera dado relevancia al acontecimiento, al no organizar un encuentro, el acontecimiento existe y el encuentro podía partir de ellos aunque yo no lo organizara.
Pero todo sigue igual. Seguro que alguno celebró la no existencia de encuentro para así no sentirse incomodado a salir de sus rutinas y deseos. Y no tener otra obligación incomoda

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cuando uno no tiene con que hacer

Todo el tiempo libre que puedo tener se reduce, en muchas ocasiones, a no hacer nada porque no tengo con que hacerlo. Las limitaciones que produce no contar con el dinero necesario para hacerlo, hace que ese tiempo libre se reduzca a pensar en las posibilidades que pudiera tener si tuviera el dinero para hacerlo. Este galimatía entre hacer y no poderlo hacer, aparte de hacer perder mi tiempo, produce una sensación de imposibilidad que hace que me autolimite. He crecido con la mentalidad de que para construir una posibilidad hace falta dinero porque de lo contrario el resultado final de la posibilidad se ve mermado por la falta de lo material de la misma.
No doy el salto a las realizaciones no materiales, a la búsqueda de la imaginación para conseguir objetivos, a la innovación intelectual, al encuentro con los pocos medios que tengo para construir realidades perfectas que me satisfagan y crear concreciones perfectas. Pasarse el día lamentándose de la precariedad de medios, es una solución que maldice al otro por no contribuir a lo propio y a uno mismo por ser pacato en la valentía y encontrar los medios en donde existen y que no están donde yo.
Perdonen estos absurdos intelectuales. El encuentro con la lástima y con los miedos. A veces prefiero quedarme con lo poco que soy que avalanzarme a lo precario de lo que puedo ser.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Cuando uno escucha

Estando en mi casa, realizando lo que fuera , me he acostumbrado a que, junto con el sonido de la cotidianeidad y del mar, tener el sonido de la radio. No soy de los que va haciendo 'zapping' radiofónico sino de los que ya ha elegido las emisoras que quiere escuchar. He realizado la selección previa y aunque me quite posibilidades de elección sé lo que quiero escuchar, no porque comparta en su totalidad las opiniones o enfoques, sino porque conozco los 'tics' de mis elecciones y puedo, desde este conocimiento, juzgar y dar opinión.
Escucho y van pasando ante mis oídos historias personales, situaciones, anécdotas, etc. que recojo con la inquietud del que está delante de la vida de una manera virtual. No estoy pero me siento presente. Pero no me comprometen
Cuando estoy en la vida real, últimamente más bien poco, escucho otras situaciones de realidades más cercanas que me producen idéntica sensación pero a la inversa. Estoy presente pero no siento la cercanía a dicha situación. Voy eligiendo las sintonías que me son agradables con el ánimo de escuchar aquellas con las que comparto vivencias. El resto sólo las oigo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Mi tiempo

Hoy no me ha tocado limpiar las ventanas. Hoy ha sido el polvo y la escalera de fuera, hacer la comida y fregar. Pero estas tareas ya han terminado y tengo todo el resto del día libre. Ahora toca organizarlo. El problema está en el comienzo. Buscar lo importante para no tener sensaciones de pérdida de tiempo. Empiezas por donde te apetece y terminas cuando te surge alguna obligación. Terminas haciendo una variedad de cosas sin el criterio que tanto buscabas. Y pasa el tiempo y un día tras otro. Parece que necesitaras una organización exterior que te indicara lo importante para establecer como 'divertimento' el resto del tiempo. Por mucho que me empeño en decirme que la organización y las escalas de importancia las pongo yo, termino como vagabundo por mi casa debatiéndome sobre lo que tengo y debo hacer. Así soy yo.

jueves, 2 de julio de 2009

Mi gente

Ayer, después de culminar la labor pendiente con las ventanas (las jodidas nunca quedan limpias), me llamaron unos amigos para que los visitara en su casa (ya no me llaman para visitarme, sino para que vaya a visitar como a enfermera por enfermo). No me disgusta visitar. También me alegra ser visitado. Pero últimamente con la emancipación de mis amigos el resguardo de su casa los satisface y los llena de protección. Salen menos, necesitan menos que antes el ambiente callejero y realizan en el interior de sus casas todas las tareas de ocio y de negocio que necesitan para subsistir.
Yo los visito. Las actividades son limitadas por el espacio, por los vecinos y porque cuando uno está en su casa se autoimpone una serie de normas que impiden, en muchos casos, estar en la comodidad de no preocuparse. Cada vez la experiencia es menos grata. Se relaja mucho la cortesía al invitado y se le inserta en la laboriosidad de tareas (con los problemas de discusión que ello conlleva) que no son las que busca el que va a visitar.
Aunque somos más que amigos hermanos, no procuran el sentimiento benefactor para el que viene a su casa. La sonrisa abierta y el arte del distraimiento. Vas a visitar un capítulo más de su cotidiana vida.