Cuando volvemos, a veces, la mirada a nuestro pasado, vemos intenciones que teníamos. Intenciones como no permitir que un trabajo dejara de ser sólo un momento del día en el que se intercambiaba tiempo y tareas por dinero y que este trabajo no nos afectara personalmente, no dejando que la vida de los que estaban alrededor pasara a formar parte de la nuestra.
Cuando ponemos, a veces, la mirada en nuestro presente, nos damos cuenta que aquellas intenciones ya no existen. Las decisiones han hecho de ellas sólo pasado. Porque aquello que no queríamos se ha transformado en realidad y esta realidad es mejor que la que uno deseaba. Aunque sea más fatigosa la situación actual y el empeño que hay que poner sea mayor, la satisfacción, el crecimiento personal y las nuevas relaciones, perfilan un nuevo carácter, una nuevas herramientas y unos sentimientos que, sí alguna vez florecieron, pero que hacía tiempo que no ofrecían su aroma de bondad.
Cuando deseamos, aveces, que la vida sea como nosotros la deseamos, a veces, la vida nos desea de manera distinta y a veces, sólo a veces, es mejor su decisión que la nuestra.
Benito:
ResponderEliminarcrecer conlleva irremediablemente un cambio de actitudes porque los deseos mutan, o se adormecen, e incluso los hay que desaparecen a cambio de otros. Los influjos del entorno, las presiones sociales, los hechos... y el ser-ahí nos abordan y, en ocasiones, nos desbordan. Eso que llamamos madurez no es sino el resultado de los múltiples ejercicios acrobáticos que el ser humano ha de realizar para mantenerse en los límites de la cordura, provocando todo ello su alteridad, otro yo suplantador. Creer que el presente que vivimos es mejor del que un día soñamos, parece adecuarse más a un práctico (y saludable) ejercicio de autocomplacencia o autoconsuelo que a una valoración objetiva. No quiero quitarte la razón, es posible que la tengas, pero no hay ni habrá forma de saberlo. Sólo vivimos un hoy y para comparar se necesitan, al menos, 2.
Saludos Benito.